AMAN/NUEVA YORK/ROMA.- La cifra de muertos por la violenta represión del presidente, Bashar al-Assad, contra la oposición en distintas ciudades de Siria (en especial Hama, foco del levantamiento cívico por la democracia) aumentó ayer en decenas, mientras que los países occidentales redoblan sus esfuerzos para ejercer más presión diplomática sobre Damasco.

Los organismos de derechos humanos responsabilizan al régimen de los incidentes, y aseguran que se emplea a miembros de la milicia shabbiha, leal a Assad, en los ataques, aparte de los tanques del Ejército apostados en Hama, escenario de una masacre en 1982, al contener una revuelta de los Hermanos Musulmanes contra Hafez al Assad, padre del actual mandatario, que dejó 20.000 muertos.

En la ciudad se produjeron numerosos actos vandálicos, con quema de casas y oficinas públicas. Los seguidores del Presidente, en tanto, acusan a los rebeldes de cometer crímenes. Los hechos se multiplican en el Ramadán, el mes de ayuno musulmán, donde miles de personas se reúnen en las mezquitas para orar todos los días; esos encuentros les sirven también para consensuar ideas y elaborar estrategias contra el Gobierno.

Negociaciones en la ONU

La mayor parte de la comunidad internacional condenó a Siria, pero no se prevé una intervención militar como la que la OTAN lanzó en Libia. Las diferencias son profundas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora se intenta firmar una declaración con la convocatoria al diálogo político y el pedido de acceso libre al país de las organizaciones humanitarias.

Del lado más duro contra Assad se ubican los países europeos, que propusieron un proyecto condenatorio, mientras que Rusia y China se mantienen aliados al Gobierno sirio. Brasil, India, Líbano y Sudáfrica (miembros temporales del Consejo de Seguridad) tampoco estaban de acuerdo con el texto.

Sin embargo, sorpresivamente Moscú deslizó que podría cambiar de posición. "Si se trata de un texto que beneficie al pueblo sirio, seremos flexibles", dijo su embajador en la ONU, Vitali Tshurkin. Al mismo tiempo, fustigó a la oposición: "si utiliza la violencia, es muy difícil llevar a cabo reformas".

El subsecretario general de la ONU para Asuntos Políticos, el argentino Oscar Fernández-Taranco, en una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad, aseveró que la violencia contra el pueblo alcanzó una nueva dimensión y calculó que, desde el inicio del conflicto, murieron más de 1.500 civiles y desaparecieron otros 3.000. El diplomático argentino habló de una "escalada alarmante" de ataques.

Riesgos en ciernes

La compleja situación llevó a Alemania a advertir de los riesgos que implicaría lanzar una intervención militar. "Hay una situación de conflicto con un gran potencial de expansión; hay que ser muy cuidadoso", dijo el secretario del Ministerio de Exteriores, Werner Hoyer. En el mismo sentido se pronunció el jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, almirante Mike Mullen: "no hay ningún indicio de que EEUU se involucre directamente". Washington seguirá apostando por la vía política, a lo cual se sumó Francia.

Ayer, Italia citó a su embajador en Damasco, Achille Amerio, en protesta contra la "horrible represión de la población civil" e instó a los miembros de la Unión Europea (UE) a hacer lo mismo, sin éxito. Antes, el presidente de Ucrania, Viktor Yanukovych, destituyó a su embajador en Siria, sin explicar el motivo; y el mes pasado, la embajada de Qatar suspendió su actividad por las protestas de oficialistas frente al edificio por la cobertura de las manifestaciones del canal qatarí Al Jazira, criticado por ser supuestamente parcial.

La UE formalmente agregó a otros cinco funcionarios a la lista de 29 individuos encabezada por el propio Assad, a quienes el bloque de 27 naciones sancionó con el congelamiento de activos y restricciones para viajar a Europa. (Especial-Reuters-DPA-AFP)